Origen del Festival

Vivia la Vega

¡Viva la Vega, Vive la Vega!

Hace cuatro años una serie de colectivos ciudadanos decidimos que había llegado la hora de habitar el común y de tomar las riendas de nuestro futuro, en medio de una crisis de valores y del conocimiento de cientos de casos de corrupción especulativa contra el territorio.

La Vega necesitaba que el quejío por el llanto de las hectáreas perdidas uniera las voces de los mejores artistas de esta tierra nuestra – Miguel Ríos, la familia Morente, Lagartija Nick, Niños Mutantes, Los Planetas, Napoleón Solo, Lara Bello, Luis García Montero- y de otras regiones (Miguel Poveda, Paco Ibáñez) junto a las de miles de docentes y sus alumnos, a cientos de agricultores, miles de miles de ciudadanos, con el ánimo de transmitir el valor del patrimonio cultural y agrario local de la Vega de Granada. Decía Eduardo Galeano que “somos lo que hacemos, para cambiar lo que somos”. Esa esencia es la que ha arropado, desde nuestro origen, la labor que ha guiado el impulso de la Plataforma Salvemos la Vega bajo el compromiso con la mejora del futuro que nos pertenece. Sentimos desde hace años que tenemos que aprender a hacer para aprender a cambiar.

El tiempo de acción se ha impuesto. La valoración y defensa de los espacios agrarios españoles en peligro de extinción necesitaban de una amplia campaña de sensibilización social, ciudadana, que agrandara sus posibilidades de regeneración, reconsideración y sustentabilidad. Debíamos recuperar la necesidad de recuperar la identidad, habitar el territorio, evitar su desaparición y frenar, en definitiva, nuestro propio exterminio como especie.

Hay que encontrar un lugar común que confluya en consensos y consolidar un nuevo modelo de desarrollo social y económico alejado de la devastación del territorio que ha ocurrido a lo largo  de  las  últimas décadas. Globalizar el planeta no tiene que suponer exterminar la biodiversidad, ni el patrimonio ancestral. La globalización será útil si posibilita abrir cauces que permitan apostar por el futuro. A  tiempo estamos.

Os convocamos a todos los interesados a actuar  para descubrir el patrimonio, a sentir el paisaje, no como una simple mercancía, sino como un legado generoso que hay que habitar, cuidar, cultivar y legarlo a las generaciones futuras en mejores condiciones.

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Un total de 142 centros educativos, más de 20.000 alumnos y sus familiares y un grupo superior a los 1.000 docentes nos embarcamos hace ocho años, unidos a la Plataforma Salvemos la Vega, en la tarea de aunar fuerzas y sumar esfuerzos e intentar transformar la realidad circundante. El camino era largo, los atajos imposibles, la tarea ingente, la misión casi imposible. Y quizás porque no sabíamos que era inviable nos encaminamos a intentar salvar lo que era del común, de la ciudadanía: el bien común. Tuvimos grandes aliados: la educación y la cultura.

El poderoso sistema de colisiones, comisiones, destrucción territorial, conseguía, por sistema, lo que se había prefijado en su hoja de ruta: devorar territorios, especular, destrozar patrimonios, destruir marjales, hazas, cortijos, huertas, acequias, a cambio de sustanciosos beneficios empresariales. Ladrillo y ética: cara a cara. Caro, caro. La ciudadanía respondió. Amplios grupos de docentes, alumnado, padres y madres, escritores, músicos y agricultores, se opusieron. Su intención era bien distinta: actuar en la protección de la biodiversidad. Los recursos se agotaban.

Granada se ha generado y conformado desde hace siglos junto a sus tres grandes señas de identidad: Sierra Nevada, la Alhambra y la Vega. Frente a la revalorización de las dos primeras como referentes mundiales del desarrollo provincial, hemos asistido, a lo largo de las últimas décadas, a un abandono del paisaje de la Vega, a pesar de conformar un área de incalculable valor universal. Un tesoro arrasado en gran parte, un espacio aún por descubrir y potenciar.

El patrimonio del Arco Mediterráneo, conformado por un suelo de elevada fertilidad natural y excepcional uso agrario, ha sufrido en el último siglo un enorme desequilibrio y exterminio planificado. Desde Cataluña a Andalucía se hilvana la memoria ancestral del saber colectivo, de la sabiduría agraria. El delta del Baix Llobregat, l´horta de Valencia, la huerta de Murcia, la huerta de Orihuela, el campo de Elche, son ejemplos de esta riqueza atesorada durante miles de años, fagocitada en escasos lustros. En nuestro contexto más próximo la Vega granadina ha experimentado un enorme desprecio al reposado diálogo con los cultivos que nos alimentan históricamente. Resultado: la condena a presenciar la pérdida aproximada de un 30% o 40% de nuestro legado, de nuestros suelos, de las tradiciones, de nuestra riqueza comunal. Porcentaje similar a las tasas de desempleo de alguna de estas zonas generosas en recursos y de áspero paisanaje político.

Tierra y Agua. Somos tierra, somos agua. Ascendientes del agua, descendemos a él; de él venimos, hacia él desembocamos. Las vegas son agua que suspira, transparencia, vergel y también tierra mancillada, deshonrada. La industrialización facilitó la existencia, amenazó la supervivencia. El agua es fuente de vida, por desgracia también de conflictos. Es un bien vital, escaso, desproporcionado en su distribución.

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Los marcos legales internacionales amparan los anhelos de nuestro llamamiento de este Festival Viva Vega, Viva la Vega. Hemos pasado de la agenda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio a los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible. A lo largo del transcurso del año 2015 hemos asistido a este relevo. La nueva Agenda Mundial es ambiciosa: en el horizonte 2030 se tienen que extender modelos de vida sostenibles. El tiempo apremia, hay que tomárselo en serio. A nivel local es el turno de nuestras huertas: Estos nuevos objetivos aúnan la acción social, el desarrollo y los problemas del medio ambiente para lograr un desarrollo inclusivo. Nos negamos a admitir el fin de la Vega, del hombre, en definitiva.

El paisaje se define por la suma de saberes que lo han hospedado a lo largo de los siglos. La destrucción del territorio intencionada, desproporcionada, insensible, no es un proceso propio de los seres humanos.

Los movimientos de participación ciudadana están dando la cara para evitar que los núcleos urbanos se construyan contra sus vegas, que la pérdida de usos y suelos acontecida nunca vuelva a propagarse. Pero necesitamos más voces, más veces.

La Plataforma Salvemos la Vega – VegaEduca no se asusta por pensar en voz alta, en altavoz, amplificar los decibelios, la acústica, el sentío, las notas, el quejío, dar la nota. Tras tres años de rodaje, hemos dado el salto. Este IV Festival añade el condimento que faltaba en la salsa de salvar la vega, en el retrogusto de saborear el paisaje habitable. Necesitábamos ampliar redes si queríamos alcanzar una de nuestras metas más ambiciosas: propagar el mensaje, extender el Grito de la Vega a los marjales de la resistencia, a los surcos de la dignidad, a los hombres de bien. Os esperamos.

Hace cuatro años comenzamos a sentir la necesidad de relacionarnos, unirnos, con el mundo de la cultura, que junto a la educación y la agricultura, formaban el tridente civil necesario para lograr alcanzar la reivindicación social defendida. Teníamos que extender el mensaje, cambiar el rumbo del viento a favor del vegacidio que durante años se propagó. La atroz crisis favorecía buscar salidas al destrozo ocurrido en el campo de batalla del solar ibérico. Aún quedaba mucha Vega por salvar, a pesar de las heridas causadas por los dardos arrojados por el vil cemento. Gracias a
todos los que estos años habéis estado ahí y a los que os seguiréis sumando este año.

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Granada, tierra fecunda de artistas, ha conformado un foco cultural, patrimonial, de primer orden. Rezuma arte, rebosa duende, quita el sentío. Arte para sumarte, arrimarte, posicionarte, saber quién eres, de dónde vienes. Arte para defender el esfuerzo honroso de cientos de generaciones, de una energía cíclica depositada en las tradiciones asentadas, la forma de entenderse, relacionarse y habitar los territorios.

Este año queremos seguir cuidando el roalíllo que nos corresponde defender, desde la visión de proteger el hábitat heredado, prestado, agradecido. Seguimos construyendo una propuesta que extienda nuestro clamor con mucho arte, con cultura, en voz alta, con altavoz. La Vega necesita su fiesta, su encuentro, su celebración, su espectáculo. Queremos seguir amplificando nuestro sentir. Hemos puesto altavoces en los rincones donde habitan los tristes desastres de la vega. Agricultura, Agua, Suelo, Compromiso. Uno para todos, la Vega para todos.

¡Qué la Vega nos acompañe! Larga vida al rock and roll, al olor rocoso de sierra, al perfume de entrañas de alamedas. ¡Vive la Vega!

Las semillas han brotado.

Los ciudadanos se hacen dueños de su destino.

Sopla viento del sur.
¡Sopla!

¡Viva la Vega!

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“Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.”

ROMANCE SONÁMBULO.

FEDERICO GARCÍA LORCA.

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